sábado, 1 de diciembre de 2012

Historia

Hemos querido recoger en estas líneas la historia de Herrera en lo que a "Música" se refiere, previa a la fundación de la Asociación allá por el año 1975, ya que ello nos facilitará en gran medida la comprensión del pasado, presente y futuro de nuestra Asociación. Lo que exponemos a continuación está extraído del libreto "La Idiosincrasia de un pueblo: Herrera y la Música", editado con motivo de la celebración del acto de presentación del cd "Mektub-Estaba Escrito". El autor del artículo es D. José Antonio Quiles.  Agradecemos desde aquí el enorme trabajo realizado por José Antonio en pro del tallado histórico de la música herrereña.  En otros momentos facilitaremos algunas imágenes que hacen alusión a la Historia aquí narrada.
 
Quien iba a decirme a mí tan sólo tres años atrás, cuando buscaba y requetebuscaba entre memorias, documentos, bibliografía y análisis musicales detallados –hallando los pocos datos coherentes que se expusieron en el libreto de 25 Años de Pasión-, que la información existente sobre la historia musical herrereña podía aumentar hasta el punto que lo ha hecho, llegando a poder apoyar con documentos escritos y fotográficos la existencia de una serie de generaciones, casi sin saltarnos escalones, desde el 15 de Abril de 1849 hasta hoy mismo. Puesto que eso es tal y como les cuento, en las líneas que siguen trataré de demostrarlo, para regocijo de propios y extraños.
 
El proceso de gestación no se nos muestra bien claro, pero tampoco sabemos exactamente como surgió el Universo y los científicos llevan muchos años investigándolo. Se barajan varias posibilidades, si bien es cierto que se suponía su situación más de un siglo antes de los documentos escritos que poseemos actualmente. Entre dichos documentos se encuentra el "acta del cabildo de cuentas" celebrado el día 15 de Abril de 1849, donde se detalla el pago de "100 reales a los músicos por el septario y tres horas más". Es ese el primer dato conocido y documentado, hasta el momento, de la historia musical lugareña que, aunque no cita persona concreta alguna, tiene el valor de ser el más antiguo conservado (las fuentes orales nos llevan más allá, sin embargo su fiabilidad no es tan absoluta). No será hasta el 8 de abril de 1863 cuando se cite el nombre y apellido de un músico local, a saber, D. Gabriel Medina, "maestro de música". Posteriormente, en 1871 y 1876 se nos habla de D. José Medina y D. José Luna, respectivamente, constituyendo lo que consideraremos, a partir de ahora, la primera generación conocida de músicos. Nada más sabemos de ellos, ni edad, ni dedicación profesional, ni tan siquiera el instrumento tocado; aunque una cita textual sí me parece muy significativa: "maestro de música"; evidente es que para ser maestro hay que tener alumnos, así que a partir de ahí imagínense. También es de destacar el apellido Medina, ya que sobre medio siglo después volveremos a encontrar tal apellido en el, quizá, mejor músico que haya dado nuestro pueblo: D. Vicente Muñoz Medina.
 
Pegando un breve salto temporal de 14 años, que no será tal si consideramos que nuestra primera generación de músicos seguiría en activo por un tiempo, nos encontramos con el primer documento fotográfico poseído. Se trata de un retrato de cuerpo entero, sedente, donde D. Manuel Guijarro posa con su trompeta en las manos. Supongo que son pocas las personas que conserven fotografías de tal época, independientemente de ser músicos o no, ya que, bien sabido es, la fotografía se había inventado en Francia sólo 60 años antes, aunque no se llegó a comercializar entre las clases pudientes –y gracias al afamado pintor Daguerre- hasta la década de los cuarenta (s. XIX), de modo que imagínense cuando pudiera llegar a España, más aún si de clases humildes hablamos. Decía, pues, que se trata de un documento trascendente a nivel histórico general, sin embargo, su significación aumenta en grado sumo por el simple hecho de poseer un instrumento musical. Piense conmigo: ¿con qué se fotografiaría una persona de la época cuando sabía, con toda probabilidad, que sería la única foto de su vida?. Evidentemente con algo tenido por muy apreciado, en nuestro caso una trompeta; lo que nos dice que la cultura musical de la época no era algo accidental sino, más bien, todo lo contrario, algo ya arraigado y digno de aparecer en una foto como el elemento más querido en la vida de un individuo. Por curiosidad: D. Manuel Guijarro era abuelo de nuestro querido D. Rafael Gálvez, por Rafalito "Azafrán" conocido.
 
Sé, con bastante certeza, que en Herrera se conserva otra fotografía de igual época a la descrita anteriormente. El interés de la familia que la posee por encontrarla ha sido enorme, pero la casualidad ha querido que ésta no aparezca por lado alguno. Así estos dos sujetos, pertenecientes a una ya cierta banda de música (cuyo nombre y composición nos es desconocida, aunque sabemos que existía), constituyen lo que venimos a denominar como segunda generación conocida de músicos.
 
El siguiente paso de nuestra andadura lo damos para situarnos en la década de los años 20, ya en el siglo XX. Al seguir nuestra marcha damos por bueno el comentario que anteriormente hacíamos para abrirnos a la segunda generación. Nos situamos en fecha algo incierta, sabiendo que lo que relatamos ocurrió antes de 1931. Se trata de la existencia de dos bandas de música, de componentes, número y composición ignorada, pero con directores conocidos: uno, D. José Elías, de la familia de los "pelajes" (se nos comenta); otro, el mencionado D. Vicente Muñoz Medina, punto articulador de nuestra historia y patriarca de una gran familia de músicos. Ellos, junto a los compañeros que los rodeasen, son constitutivos de la tercera generación conocida de músicos. Del primero sabemos poco, tan sólo que dirigió una banda, la cual pasó a integrarse en los años 30 dentro de la del otro mencionado músico, sin saber ni siquiera qué instrumento tocaba, aunque, no obstante, ha llegado a nuestro conocimiento que D. José ejerció de maestro del patriarca de otra gran familia de músicos, hablamos de D. Rafael Reyes Rodríguez.
 
Acerca de D. Vicente las reseñas son más profusas. El maestro fue gran músico y persona entregada, buen hacedor con la batuta y la composición –así como al teclado de órgano y piano-, emprendedor, aventurero y legendario. Dicen de él hechos que lo comparan, en inteligencia, con el mismísimo Mozart, mientras otros lo pusieron poco menos que al lado de Jesucristo por su sufrida lucha. Y parecen no mentir: era D. Vicente un chiquillo jovial y alegre hasta que una rara y temprana enfermedad le afectó sus piernas, dejándole bastante impedido. Ocurrió por entonces que su familia se trasladó a Sevilla capital a vivir, encontrando el niño buena ocupación en asistir a clases de Conservatorio. La distancia en las ciudades ya se sabe (aunque aquella urbe no tuviese que ver nada con la actual), pero impedido y todo el niño Vicente insistía en seguir yendo a clases, "ayudándose de los ventanales" en la mayoría de las ocasiones. Parecía estar muy seguro de lo que hacía. Con el tiempo el destino premia a los que muestran sus avales, y al buen músico así le ocurrió: llegado D. Vicente a cierta edad pasó a dirigir una conocida banda en la capital. Era entonces la época en la que E. L. Juarranz dirigía la banda municipal. Parece ser que la casualidad quiso poner a nuestro paisano en uno de los ensayos de tan renombrada agrupación, concretamente en uno que preparaba el estreno del pasodoble " La Giralda". Ante su audición la fascinación de D. Vicente fue fastuosa, aunque no lo suficiente como para dejarle inconsciente. Cada nota era memorizada, cada acorde sentido y cada instrumento recogido. De tal modo, llegado a su casa, el maestro transcribió de memoria el pasodoble oído para, consecutivamente, ensayarlo y adelantarse al estreno con su propia banda. Así sucedido, el enfado de E. L. Juarranz fue monumental, llegando al punto de interponer denuncia pública por la "copia ilegal". Transcurrido el tren de la justicia en su lenta marcha, la sorpresa fue mayúscula cuando el juez encargado del caso no dirimió en castigo alguno hacia D. Vicente. Parecía evidente: no había copia alguna, tan sólo una habilidosa y portentosa memoria auditiva.
 
Hasta cerca de 1942 sabemos que nuestro maestro dirigió la fusión de las dos anteriores bandas, labor que dejó, según parece, solo tras su muerte. Tengo constancia, hasta el punto de haber tenido documentos en mis manos (aunque lamentablemente perdidos), que en Herrera existen obras compuesta por D. Vicente (concretamente una misa musicada), igual que sabemos de la enorme labor didáctica que emprendió, pues enseñó, entre otros a: D. José Suárez, D. José Gálvez Jurado y D. Rafael Gálvez Jurado.
   
No quiero dejar pasar el punto del relato en el que nos encontramos sin hacer un breve comentario de significación social. Puede que a todos ustedes la existencia de dos bandas de música no les parezca más que un dato cuantitativo, o, a lo sumo, anecdótico, más deseo que la trivialidad no les confunda. Las instituciones educativas de un pueblo, las asociaciones culturales que posee, el bagaje que las mismas reúnen y representan hablan mucho de la sociedad a la que se hayan adscritas. Si no ¿por qué los militares romanos se limitaron –salvo contadas excepciones- a copiar la originalidad del anterior arte griego?; así contrapuestos parece ser clara la diferencia del carácter griego al cesáreo romano, por poner un ejemplo. Decía, las dos mencionadas agrupaciones bandísticas históricas nos hablan de "una época que debió ser gloriosa para Herrera en su globalidad". Y no lo lanzo al vuelo así porque así, sino que son varios los datos complementarios que nos ayudan a realizar tal deducción. Así, les recuerdo que también fue aquella época la cuna de nuestro escritor, hasta ahora, más ilustre: D. Manuel Martín-Arjona, reciente y brillantemente recuperado por nuestro grupo de teatro Escanpolo. También me veo en la necesidad de mencionar la creencia actual de algún culto herrereño, de sabia mente y anónima identificación (por voluntad propia), acerca de la permanencia de algunos datos sustentadores de la hipótesis que defiendo en el archivo del Gobierno Civil de Sevilla; lo cual, unido a la existencia de otras agrupaciones musicales como la orquesta Alegría musical, y, sin duda, motivado por la señora existencia en nuestro pueblo de un cardinal  Ateneo Cultural (poco e injustamente recordado en nuestra época), muestran mucha luz a la aserción esgrimida.  
 
Era Alegría Musical, cuya tarjeta de presentación conservamos datada en 1931, una agrupación formada por algunos componentes de las bandas para hacer un tipo de música ligera. Y cuando hablamos de ligera tengamos en cuenta que el rock (y por supuesto toda la música moderna que deriva de él), aún no se había inventado, faltándole aún una década para su aparición.
 
La orquestina se ofrecía para bailes, bodas y festejos, siendo D. Enrique Carmona (trompeta), D. Rafael Reyes Rodríguez (Saxofón), D. Juan Canela (clarinete), D. José Suárez (bombardino), D. Teodoro Muñoz (requinto) y un tal Lorenzo –cuya pista es poco clara- (batería), los integrantes. Solían ambientar el pueblo tocando todos los domingos del verano, contratados para los mencionados bailes, bodas (celebradas encima del actual Banesto) y festejos, o, si  nadie los requería, por iniciativa propia. Enseñados la mayoría por los mencionados D. Vicente Muñoz y D. José Elías,  venían a constituir la cuarta generación de músicos. A ellos hemos de unir los nombres de D. Eduardo Páez quién, junto a D. José Suárez, asumiría no solo la función de disfrutar la música sino también enseñarla, por supuesto en el seno de la, ya unificada, banda de música. Se comenta de aquél que la introducción en el arte de los sonidos fue autodidacta, difícil de creer en el ambiente que vivía, donde hubiese sido fácil recibir alguna lección de solfeo y flauta (instrumento que ejecutaba).
 
Otros músicos coetáneos aparecen en la siguiente fotografía, banda unificada de 1942, herencia de D. Vicente Muñoz, donde acompañan a los maestros de turno (los antedichos D. Educardo Páez y D. José Suárez). En esta imagen ya aparecen algunos de los que serán la quinta generación de músicos, que permanecen al lado de sus maestros. Los integrantes son: D. Juan Ruíz-Canela, D. Antonio Carmona, D. Juan Maya, D. Eduardo Páez, D. Rafael Gálvez, D. Francisco Borrego, D. Enrique Carmona, D. Teodoro Muñoz, D. Francisco (el "Bombi), D. Rafael Reyes, D. José Suárez, D. José Gálvez, D. Ramón Reyes. D. Eligio Montaño, y el "lino" (otros tres componentes de la banda, son: D. Gabriel Muñoz, D. Juan Canela y D. Antonio Maya).
 
Desde 1942 hasta 1974 la presencia de la banda va mermándose cada vez más, primero poco a poco y después vertiginosamente, debido en parte al éxito que cosecharán las orquestas de baile de la época, lógico, por una parte, debido a la juventud de los músicos que teníamos y al abandono de los mayores. A favor de éstas últimas hemos de decir que jamás permitieron que el repertorio típico de banda dejase de sonar en las ocasiones anuales que era debido, a saber: Navidad, día del Señor, Purísima y Semana Santa; lo cual, visto inteligentemente, era lo menos que se podía esperar, ya que el ejercicio de la responsabilidad más elemental exige no olvidar a la institución que había ayudado a formar músicos en edades jóvenes, y, por tanto, de escasez de recursos. Prosiguiendo con el relato, en muchas ocasiones los encuentros melódicos eran casuales, pues músicos que habían emigrado a diferentes zonas de España se reencontraban en las fechas citadas para ambientar y recrear la tradición, junto con otros que permanecían en el pueblo. Evidentemente los ensayos para estas ocasiones eran casi inexistentes, pero el coraje, voluntad y peso histórico les hacía actuar como sólo lo saben hacer los ARTISTAS, así escrito, con mayúsculas.
 
Era la época de la que llamábamos quinta generación: los tres hermanos Reyes (José, Rafael y Ramón), Rafalito ("Azafrán"), Gabriel Muñoz, Juan Palos, Gabriel Roldán ("Churumbelo"), Isidoro Ruíz-Canela, Juan Canela, "el lino", Juan Maya, etc. Aunque son difíciles de separar de una siguiente generación, poco más joven, que denominamos sexta generación de músicos, donde encontramos, entre otros a Ventura Cabezas, Manuel Suárez, Antonio Reyes y Lorenzo Solís.
 
En lo que respecta a la banda, debemos conocer que era común, durante los años 50 y 60, dividirla en dos grupos. Uno era el de la Virgen, tocando siempre el Stabat Mater y algunas marchas como Angelitos Blancos, Triunfal, Paz Eterna, Llorada; el otro grupo, el del Jesús, realizaba semejantes interpretaciones, aunque el Stabat Mater era sustituido por el Miserere. En ocasiones ambos grupos juntos, o separados, acompañaban a San Juan tocándole comúnmente pasodobles, hasta que un buen día, como cuentan chistosamente los músicos que vivieron el momento, un cierto cura se tomó aquellas interpretaciones militares y taurinas como una ofensa, amenazando con vehemencia, lo cual provocó el cambio de costumbres de ahí en adelante.
 
El mundo de las orquestas de baile de la quinta y sexta generación es bastante complejo. Unas aparecían y otras desaparecían, se fundían y refundían, cambiaban alguno de sus componentes, se echaba mano de los vecinos ponteños, se contrataban a bellas señoritas cantantes, y un sinfín de estrategias más. Dado que hay personas en el pueblo que conocen bastante mejor el tema que un servidor, yo limitaré este espacio a nombrar quienes fueron sin entrar en profundidades.
 
  • En el año 1944 se forma la Orquesta Reyes y amigo, constituida por D. José Reyes Vergel, D. Rafael Reyes Vergel y D. Rafael Gálvez Guijarro; posteriormente se añadirá D. Ramón Reyes, a quién suple, en 1947, durante su servicio militar D. Gabriel Muñoz; quedando definitivamente conformado en 1948, cuando Ramón regresa (teniendo así 5 componentes). En esta fase ya se denominaba Orquesta Reyes, únicamente. En 1957 D. Manuel Suárez Durán suple a D. Rafael Reyes, quien marcha a Campillos, y, en 1960 (aproximadamente), D. Ventura Cabezas suple a D. Rafael Gálvez, quien emigra a Barcelona. Poco después D. Manuel Suárez marcha a la mili y le suple un vecino de Puente Genil, quedando así la formación estable hasta mediados de los 60, cuando se disuelve. Hay que decir que como vocalistas van turnándose cantantes masculinos de Puente-Genil, algunas féminas de otras localidades y algún herrereño (como es el caso de Lorenzo Solís).
  • 1944, había una orquesta, de nombre desconocido para mí, integrada por: D. Gabriel Muñoz, D. Ramón Reyes, D. Gabriel Roldán.
  • Orquesta María Amparo (quizás Amapola, las memorias fallan): año 1948 constituida por D. Enrique Carmona, Moya, D. Juan Palos, D. Teodoro Muñoz y D. José Suárez.
  • Orquesta Joven y Alegre: año 1948, conformada por D. Isidro Ruíz-Canela, "el Lino", D. Juan Canela y D. Juan Maya.
  • Años 60, orquesta de nombre desconocido, integrada por: D. Manual Suárez Durán, D. Manuel Sagasta Gálvez, D. Juan Gálvez Jurado, D. Antonio Reyes.
  • Orquesta Pontis: finales de los 60, y comienzos de los 70; D. Ventura Cabezas, D. José Reyes, D. Ramón Reyes y tres vecinos de Puente Genil.
Vemos pues el dinámico movimiento al que aludía más arriba. Quizás ningún proyecto fuese lo suficientemente estable como para poder vivir permanente y exclusivamente de él, pero quien les escribe se haya en condiciones de afirmarles tajantemente (tal como me atestiguaron aquellos a los que les tocó vivir) que cada cual mantuvo despiertos grandes sueños a su manera, elevaron el vuelo hasta un nivel bien digno y mantuvieron viva la cultura musical que, en definitiva, y diciéndolo con plena conciencia, es de lo que se trata.
 
Y todo sin haber mencionado la Estudiantina, la Tuna, o como quiera que se llamase a una peculiar agrupación, más inestable quizás que las anteriores, que mezclaba instrumentos de viento, instrumentos de cuerda y cánticos. La primera aparición fue a comienzos de los años 40, después de la fusión de bandas que comentaba, siendo conocido como "Los Godos", pues vestían de visigodos, estando integrada por miembros de las bandas, además de otros añadidos. La autoría de letras y músicas es cuestión harto discutida, algunos hablan de la importancia de D. Eduardo Páez, otros de D. Juan Canela (autor de la, ya, célebre habanera).
 
Lo único cierto de todo el entramado anterior de banda, orquestas y estudiantina, es que la música en Herrera, a pesar de mantenerse por muchos años, había acabado desapareciendo. Concretamente, a comienzos de los 70 no había estudiantina, y, por vez primera en muchísimos años, la Semana Santa del año 1975 pasó a la historia como la única que no escuchó a los músicos por las calles (quizá solo algunos sones de tambores y alguna que otra corneta, muy lejos de los tradicionales misereres y marchas de procesión). Ante tal peligro una nueva historia comienza, la historia moderna de la música herrereña, empiezan los "Amigos de la Música" como herederos y revitalizadores de una cultura que –de no ser por lo que fue- hubiese caído en un pozo sin fondo. Y con "Los Amigos de la Música", evidente es, la séptima, octava, novena, y no se cuantas más generaciones musicales. Cuando las modas aún no existían, cuando el tira y afloja no tenía cabida, cuando la unión de un pueblo en torno a una idea era más que necesario (por lo que significaba de tradición, mas también por los tiempos turbulentos que se vivían), cuando dar la cara era un reto, fue entonces cuando surgieron una serie de personas dispuesta a entregarse por un proyecto asociativo, de cohesión. Unos estaban ya bastante trillados en lo que a música se refería, aunque nunca hubiesen pensado en la nueva ambición que ahora se les planteaba, otros eran nuevos a todos los efectos. Se me viene a la cabeza nombres como  D. Ventura Cabezas, D. José Reyes, D. Gabriel Muñoz, D. Teodoro Muñoz, D. Manuel Vázquez, y algunos más que hubo, tantos que no tendrían cabida en este escrito; pero se me viene también a la cabeza el esfuerzo de todo un pueblo con sus cuotas anuales, las cuales, aunque simbólicas, constituían un espaldarazo moral importante. Igualmente se me vienen los esfuerzos sanos de muchos chavales y chavalas, como la respuesta de un público ilusionado, como, en definitiva, un pueblo: HERRERA.
 
Luego muchas ramas brotarán, en la mayoría de los casos, derivarán de "Los Amigos de la Música" y los recursos que aportaron al pueblo, de forma directa o indirecta. Jamás se me olvidará el enorme esfuerzo para traer a los primeros profesores oficiales de música que existieron en el pueblo allá a finales de los 70, aquellos a los que muchos después les debemos, como mínimo, nuestra profesión, y no por ellos mismos, sino por la labor que iniciaron y se continuó en el tiempo. Así ocurrió bajo la alcaldía de D. Manuel Vázquez Arjona, muy apoyado por D. Juan Antonio Rodríguez Romero, encargado de Diputación para la difusión de la música en aquella época. Tampoco se me olvidará la labor de otros muchos, pero el comienzo se dio así.
Se interprete como quiera que sea, la historia se escribe sola, y lo hace como lo hace porque ella manda. La verdad, si es que existe, se acerca mucho a lo aquí descrito, cualquier otra opción confusa en conciencia se aleja del respeto que la historia merece.

Que Herrera era un pueblo donde corría la sabia musical es cierto, tanto como lo es que la organización brillaba por su ausencia. Visto esto, en 1975 se empiezan a aunar esfuerzos en torno a una idea común: componer una banda de música digna para el pueblo. Se pide ayuda al Ayuntamiento, el cual la concede y mantiene hasta hoy día, se pide ayuda al pueblo (que acoge con ilusión la idea) y, ante todo, se sacrifican muchas personas que tiran del carro y mucha juventud que apuesta por aprender y ejercitarse en el arte de la interpretación musical. Entre aquellos fundadores: D. Manuel Vázquez Arjona (presidente), D. Teodoro Muñoz (primer director), D. Gabriel Muñoz (segundo director) y D. Ventura Cabezas (tercer director). 

Una vez constituidos, comprados métodos de enseñanza, trajes e instrumentos, el estreno oficial de la banda se hace en una fecha histórica, al coincidir con el paso de los entonces príncipes D. Juan Carlos y Dña. Sofía por nuestra localidad (Abril de 1976). Curiosamente se sabe que al circular de los mismos cierta persona cercana a la banda le entregó a uno de los guardaespaldas una invitación para que el Rey se hiciese socio de la misma, invitación a la que desgraciadamente nunca respondió.

Entre las anécdotas destacar que, en la pancarta de recibimiento a SS. MM., los nervios de primerizos hizo cometer una horrible falta ortográfica: MUSCA en lugar de MÚSICA, por suerte se pudo corregir (las fotos han dejado la huella de la corrección para la posteridad). El estreno en concierto se produjo en 1977 en el Salón "El Molino", existiendo documentos sonoros y periodísticos de tal acontecimiento; entre las curiosidades la narración de un ciego, recogida por el diario ABC, en la cual éste manifestaba haber dudado de la existencia real de la banda (confundiéndola con un aparato de radio) hasta haber entrado al local de ensayo y palpar un instrumento.

Se empiezan a dar los primeros conciertos en el pueblo (salón del Molino) y las primeras salidas a procesiones y corridas de toros. El ámbito de interpretación giraba en torno a pasodobles, marchas de procesión, e incluso, desde pronto, alguna fantasía militar de mayor complejidad. Es interesante destacar este último dato puesto que desde entonces y hasta ahora la banda nunca se ha encerrado en interpretaciones sencillas, siempre buscó abrirse a músicas de todos los géneros. 

Fallecido D. Teodoro Muñoz y retirado D. Gabriel Muñoz asume la dirección musical D. Ventura Cabezas Arteaga, quien se encarga de ella hasta mediados de la década de los 90 (apoyado con los intermedios de D. José Reyes Vergel, D. Francisco Bermúdez y D. José Daniel Guillén), y siempre también bajo la presidencia de D. Manuel Vázquez, por entonces alcalde del pueblo, y a la sazón presidente de la banda. D. Ventura, en colaboración con muchas personas, va estableciendo un programa de actuaciones fijo a lo largo del año en el pueblo, sin recibir ningún dinero a cambio, pues la banda debía agradecer todo el esfuerzo de años anteriores en su formación: actuaciones en fiestas, Semana Santa, otras procesiones de gloria… Los resultados llegan en forma de actuaciones en procesiones de localidades foráneas, invirtiéndose todo el dinero recogido en pro del patrimonio de la asociación. Pero muchos de los primeros músicos no creen en el sistema de manejo de quienes les han formado, y rompen con los mismos para sacar una banda aparte a los pocos años.  Por entonces se plantea la posibilidad de registrar a la asociación de acuerdo con la Ley de Asociaciones del 24 de Diciembre de 1964, dotándola de personalidad jurídica y estableciendo relaciones formales con la Diputación de Sevilla y el Ayuntamiento de Herrera.

Como anécdota de esta época merece destacar: en cierta ocasión, al finalizar un concierto en un pueblo de la sierra norte de Sevilla, en aquellos veranos de "gira" con la Fundación Luis Cernuda de la Diputación, un hombre, de avanza de edad y amante de la música sin duda, se acercó al escenario de actuación y tras intercambiar unas palabras con el director le entregó dos monedas de 50 ptas, el director se las enseñó a los miembros de la banda y todos esbozaron una sonrisa, ¡qué mejor agradecimiento que dar todo lo que se tiene!.
Como puede comprenderse, en tan dilatado tiempo la banda fue creciendo en número, calidad, prestigio y nivel de actuaciones. Así, cabe destacar que se empiezan a ganar premios, como el obtenido en 1984 en Sevilla en un concurso organizado por RNE, se acude a procesiones de prestigio como la Paloma de Málaga, o el Cristo de los Faroles en Córdoba, así como otras en Carmona, Écija, Andújar, Osuna, etc;  se organizan hasta 9 encuentros de bandas en nuestra localidad – a una media  de 5 bandas por encuentro hacen una suma de casi 50 bandas pasadas por el auditorio del parque "Luis de la Seña María" de Herrera- y se acude a otros muchos por toda Andalucía como el de Olula del Río (Almería), Zahara de la Sierra (Cádiz), La Campana, Estepa, Casariche (Sevilla), Cabra (Córdoba), Guadix (Granada), etc. Evidentemente el repertorio de interpretación va variando en tanto tiempo, llegando a tocar en el ámbito clásico obras tan espectaculares como la "Obertura Solemne 1812" de Tchaikovsky, o el "Capricho Italiano" del mismo compositor. Es de destacar que en esta época tiene lugar la primera grabación en estudio, se trata de un casette titulado "Semana Santa en Herrera" producido por Sonisur (Montilla, Córdoba). 

Mediada la década de los 90 D. Cristobal Gálvez Palma asume la dirección musical y la presidencia, al irse debilitando Ventura por su enfermedad.  Un nuevo director con distinta visión e impulso. Es en esta época cuando se viaja a los Certámenes de bandas de  música de Andalucía en Chauchina, con la interpretación de obras como "Carmina Burana" de Carl Orff y "Danzas Fantásticas" de Turina, donde se cuidaron más variables técnicas. Así mismo se continúan con procesiones, pasacalles y encuentros de bandas por toda la geografía andaluza.
 
Rotas las espaldas de Ventura, muy deteriorado, y dejándonos Cristobal, un nuevo equipo se hace cargo de la dirección y de la Junta Directiva. Asumirá la presidencia de forma esporádica D. Rafael Gálvez, pasando luego a manos de D. Francisco García. En la dirección toman parte compartida D. José Antonio Quiles y D. Antonio Granado. Marchado Ventura, el gran reto se convertía en seguir adelante sin él, no verlo imprescindible, sí recordarlo mucho y tenerle aprecio, pero conseguir volver a arrancar el tren.
Muchas voces de discrepancia surgen cuando desde la dirección se trabaja en un nuevo sistema de ensayos, y, cuando se intenta casi exprimir a todos los músicos, salta la voz de alarma. Pero sorprendentemente el ambiente se va calmando al ver que esta nueva dinámica da sus frutos, más trabajosa pero más recompensante. La meta, vigente hoy día, no es más que la consecución diaria de una ejecución artística de más calidad, sin significar por ello que esté reñido con un disfrute de la propia tarea.
 
Desde entonces y hasta ahora los "Amigos de la música" han conseguido un aumento de calidad demostrado en las innumerables actuaciones nacionales e internacionales que han realizado. Así, han acudido a encuentros de bandas de Alahurín de la Torre y Pizarra (Málaga), Fuentes de León (Badajoz), han realizado conciertos en algunos de los más prestigiosos teatros de Andalucía y Castilla la Mancha: Teatro Cervantes(Málaga), Teatro de Caja de Granada (Granada), Casa Colón(Huelva), Teatro Quijano(Ciudad Real), Teatro Principal de Andújar(Jaén). En el mundo semanasantístico acompañan a prestigiosas hermandades en Ciudad Real, Huelva, Granada, o incluso a la insigne Macarena de Madrid. Han realizado conciertos en iglesias de la capital sevillana como la de la Hermandad del Sol o la de la Hermandad del Valle, incluso han actuado en la antigua catedral de Madrid (Real Colegiata de San Isidro). Han compartido escenario con grupos de teatro para rendir homenaje a Leonard Bernstein, o con actores de la serie de Canal Sur "Arrayán" para rendir tributo al Quijote, han actuado junto a cantantes de ópera, junto a grupos de rock y junto a orquestas de bailes (con arias de ópera, homenaje al pop de los 80 y homenaje a la música latina respectivamente), han profundizado en la música de inspiración francesa para su resonada actuación en los Campos de Marte de París (obras de Turina, Rimsky-Korsakov, y otros). 

(by amigosdelamusicadeherrera.com)

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